El archivo del francés Franklin Picard, una pasión por la voz en más de 200.000 grabaciones

El francés Franklin Picard colecciona voces y tiene un archivo de 200 mil grabaciones. El sonido humano le apasiona y dice que si no le gusta una persona, tampoco su voz. En sus grabaciones, personas conocidas y desconocidas hablan en circunstancias diferentes, como discursos políticos y conversaciones cotidianas. Según su propietario, es la "mayor colección de archivos sonoros del mundo" en manos privadas. Las ha ido consiguiendo en subastas, tiendas y a través de grabaciones hechas por él mismo. Lleva coleccionando voces desde los 20 años, una afición que desarrolló en las aulas de la universidad de Derecho al grabar él mismo a sus profesores. Gracias a su trabajo pudo viajar y comprar voces de África, América Latina y Asia.
Y es que el idioma no es una barrera para él, más bien apuesta claramente por la "riqueza" de la diversidad lingüística y, desde luego, la versión original, pues "en las traducciones se pierde la autenticidad del sonido". Lo suyo es pura pasión, y no dudó al afirmar que la mejor invención de la historia es el fonoautógrafo, primer aparato grabador de sonido, y que los discos tienen un valor inmaterial único, la voz. La voz es un arma atractiva, y citó como ejemplo "aquellos personajes que sedujeron al público con sus discursos, como Hitler, quien sólo por su aspecto físico no hubiese sido capaz de convencer a la población".
Entre sus favoritas están las voces de Martin Luther King por ser "vibrante" y la del papa Juan Pablo II que "transmite paz", en cambio, detesta las que no tienen personalidad, como la de Stalin, según dice.
Picard fue acumulando cada vez más voces, hasta que decidió con un amigo fundar el Instituto de Archivos Sonoros de París, del que es presidente y que está formado por las piezas de su colección. Reconoce que ha sido una tarea compleja enumerarlas todas, y que el próximo paso será la digitalización, pero, sencillamente, "no es necesario someterlas a este proceso por el momento". Comenta que a su muerte quiere compartir sus "tesoros", ponerlos a disposición del público, ya que "la voz tiene que vivir y no permanecer escondida en el armario".