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Viernes, 24 Julio 2015 00:00

La UCI de los libros antiguos de las benedictinas de Sarrià

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Ora et labora. El Taller de restauración de Sant Pere de les Puel·les, en el barrio de Sarrià, es un auténtico hospital de los libros antiguos. Parte de las monjas benedictinas que habitan el monasterio femenino más antiguo de Barcelona y de Catalunya –con un milenio de historia– rehabilitan junto a jóvenes especialistas todo tipo de libros antiguos deteriorados. Manuscritos monásticos, incunables de las primeras imprentas del continente, códices, libros de finanzas de reyes y obispos, atlas y mapas… Tratan cada nuevo paciente como un reto único y apasionante… Y la mayoría de veces lo es, porque al ser uno de los talleres más especializados de Catalunya y de España reciben los encargos más difíciles.
El último consistía en devolver a la vida 20 de los 203 cantorales de la biblioteca del Archivo Capitular de la Catedral de Toledo, muy maltrechos durante la Guerra Civil española por un incendio y su posterior extinción con agua. Son obras de grandes dimensiones, con hojas de pergamino grueso y grandes tapas de madera con remaches de bronce y latón, que pueden llegar a pesar 40 kilos cada una. Los pentagramas son siempre de cinco líneas y, con muy pocas excepciones, están dibujados con tinta roja brillante o bermellón. Además de poderse exponer como patrimonio histórico-artístico, permiten a los investigadores indagar sobre la vida monástica cotidiana, la cosmovisión medieval y la evolución de la música sacra. Tras 9.000 horas de trabajo durante siete años y una inversión de 11.000 euros por libro han logrado recuperar 15 volúmenes, que este viernes serán trasladados de nuevo a su hogar. "¡Ya tienen el alta!", proclama sonriente Mª Dolores Díaz-Miranda, benedictina, doctora y directora del Taller. Al concurso público se presentaron cuatro empresas, también de Castilla-La Mancha, pero al final la gran dificultad de la restauración aconsejó enviarlos a Barcelona. Y, pese al estado ruinoso en el que llegaron, al fin la mayor parte de su contenido puede volver a ser leído y admirado.
El rescate de un libro calcinado o mohoso es muy complejo y requiere diferentes etapas, como puede observarse en el vídeo adjunto. La primera es vital aunque parezca obvia: el diagnóstico. "Hay qué analizar qué tipo de daños tiene, si ha sido atacado por hongos, si tiene roturas relevantes, si se han compactado las páginas… Y ver también qué tratamientos puede aguantar, para no ser demasiado agresivos y perder información", enumera Díaz-Miranda. Luego toca desencuadernar el libro, como hace Juan con gran cuidado, desmontando la decoración metálica del exterior y montándola exactamente igual sobre una plancha de porexpan. Una vez quedan sólo las hojas, lo habitual es que estén pegadas entre sí y haya que separar los capítulos y dejarlos reposar en una cámara de humectación: "Si sufrió un incendio y se deshidrató, es normal que nos pida agua, por eso le aplicamos vapor frío", comenta la experta. Es un proceso largo que no quiere prisas: "Lo saco de la cámara cada cierto tiempo e intento desenganchar las páginas hasta que llego a un tope", añade. "Tuve un caso muy difícil, que no reaccionaba al vapor, y lo acabé sumergiendo en una bañera llena de agua y alcohol", rememora. "La separación de las páginas es un momento muy íntimo y reconozco que prefiero estar sola; debes conectar con cada libro para entender qué necesita", explica.
Dicharachera y meticulosa, esta benedictina nacida en Oviedo es una de las principales expertas en restauración de papel, una disciplina "muy joven" que en España no se consolidó hasta los años 60. El taller del monasterio, de hecho, es de los más antiguos del estado –se creó en 1975– y en 2016 se cumplirán 40 años de su primera restauración documentada. En él trabajan entre tres y ocho profesionales muy especializados, que intervienen los días que requiere cada etapa del tratamiento. Aproximadamente la mitad del personal son monjas benedictinas, como Gertrudis, que limpia las cubiertas de la encuadernación, retira las gotas de cera –durante siglos fueron leídos a la luz de candelas– con un bisturí y aplica un bálsamo con algodón y pinzas para que la piel recupere la textura original. Hasta hace unos pocos meses, una benedictina de 90 años trabajaba regularmente en el taller. "¡Nadie sabe coser mejor que ella las encuadernaciones!", aplaude la directora.
Con las hojas ya separadas y prensadas entre papel secante, las roturas de cada pergamino se cicatrizan con apósitos muy finos, hechos con tripa de terneras muy jóvenes. Aunque hoy resulte chocante, la confección de libros medievales requería de gran cantidad de materia animal, en especial huesos y pieles: "En los libros de gran tamaño como estos cantorales, cada hoja de pergamino es la piel entera de un animal, por lo que en total se sacrificaron 200 becerros para obtener todas las páginas". Para los libros más pequeños se usaba también piel de cabra o se repartía la de una vaca entre tres o cuatro hojas. A más fino el pergamino, más joven el animal. "Uy, y los 'libros de horas' de los reyes, tan refinados y pequeños, se hacían con terneras acabadas de nacer", apunta. Para encolar el lomo se usa cordel natural y gelatina de repostería, obtenida de huesos cocidos y triturados. "¡El colágeno natural engancha tanto o más que la cola!", compara Díaz-Miranda.
La piel de las tapas es delicada como la que se usa en marroquinería para bolsos y prendas, por lo que su recuperación raramente es completa y se acuerda de los daños sufridos. La mayoría ha podido volver a recubrir al cantoral que ha protegido durante siglos, pero en un caso, el del oficio de difuntos, se han tenido que fabricar tapas nuevas de madera. Las hojas que tienen menos consistencia se enfundan en plástico transparente, para que se puedan pasar las páginas sin riesgo. Las que pueden aguantar se mantienen sin enfundar. El taller de Sant Pere de les Puel·les no es partidario de intervenir "en exceso" e intenta mantener al máximo el aspecto original de cada paciente. Así, por ejemplo, rechaza rociar el papel con funguicidas en caso de hongos o bacterias, que prefiere eliminar en el congelador o en una bolsa sin oxígeno: "Los funguicidas funcionan durante un tiempo pero no permanecen eternamente en la hoja, lo que hay que hacer es guardar los libros como Dios manda, en un ambiente sin humedad ni temperaturas extremas". Antes de partir hacia Toledo, una última labor: digitalizar todo el contenido y almacenarlo en un DVD. "No acostumbramos a encargarnos también de esto, pero es cierto que ayuda mucho a la conservación, porque así los investigadores pueden trabajar sin exponer la obra original a ningún peligro", remacha.
Un milenio de supervivencia
Las benedictinas del monasterio de Sant Pere de les Puel·les son la comunidad femenina más antigua de Catalunya. Fue fundado en el siglo X por el conde Sunyer de Barcelona en el actual barrio de Sant Pere, en Ciutat Vella, donde se conserva la iglesia. Su máximo esplendor fue en los siglos XIII, cuando poseía gran cantidad de tierras y propiedades a su alrededor y dependía directamente de Roma, sin rendir cuentas al obispo barcelonés. El secreto era la procedencia de las novicias, hijas de familias nobles que ofrecían una cuantiosa dote al ingresar en el convento. El monasterio ha vivido todo tipo de vicisitudes, desde razias musulmanas hasta el asedio de la capital en 1714, cuando refugió a Rafael de Casanovas tras ser herido en un baluarte cercano. También vivió la desamortización, que llevó a las monjas residentes a la exclaustración en 1835 y convirtió el monasterio en una prisión y fue en gran parte demolido. El claustro se salvó pero fue desmontado y reconstruido en una calle de Terrassa, donde aún puede visitarse. Durante la Guerra Civil el templo fue incendiado y actualmente sólo conserva la iglesia –con restos románicos, góticos y renacentistas–, un campanario de 1752 y las salas parroquiales.
La ubicación actual, en la calle Anglí de Sarrià, se remonta a 1879. Para cumplir con la regla de Sant Benet, el ora et labora –plegaria y trabajo–, las 34 monjas que residen hoy en el monasterio se ocupan de un huerto, de un taller de encuadernación, del de restauración de libros y de una hospedería. También participan en seminarios y proyectos de investigación internacionales, como cofundadoras de la Asociación Hispana de Historiadores del Papel. No están sometidas a una clausura estricta: "Nuestra opción es el retiro voluntario y la vida en comunidad… ¡como los hippies de los 60!", explica entre risas Díaz-Miranda. "Cada monasterio tiene sus talleres, unos hacen repostería, otros se dedican a la educación y algunos nos centramos en la restauración", señala. Ya era jefa del taller de restauración del monasterio benedictino de Oviedo en el que ingresó como novicia, por lo que conocía bien la trayectoria de Sant Pere de les Puel·les –que dirige la abadesa Esperança Atarés– cuando decidió mudarse a Barcelona hace 13 años y cursar un doctorado de restauración. "Las comunidades catalanas son más abiertas que las del resto del Estado", asegura. Además de acoger cursos de danza y caligrafía e impartir seminarios de restauración, desde hace unos meses comparten los hallazgos y experiencias del monasterio a través de Twitter, Facebook, Vimeo, Youtube y Google+.
 
Poor MERITXELL M. PAUNÉ 
http://www.lavanguardia.com/local/barcelona/20150723/54434074803/uci-libros-antiguos-benedictinas-sarria.html
 
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