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Lunes, 23 Marzo 2015 00:00

Las joyas bibliográficas y documentales de la biblioteca del Monasterio de Santa Catalina en el monte sagrado del Sinaí.

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Codex Syriacus [fotografía]. (2015). Recuperado de http://m9.i.pbase.com/g3/63/190063/2/120887369.Yq3YnfkN.jpg Codex Syriacus [fotografía]. (2015). Recuperado de http://m9.i.pbase.com/g3/63/190063/2/120887369.Yq3YnfkN.jpg

El monte Sinaí o monte Horeb es una montaña situada al sur de la península del Sinaí, al nordeste de Egipto, entre África y Asia, y es el lugar donde, según la Biblia, Dios entregó a Moisés los Diez Mandamientos. Por lo tanto, se trata de una zona sagrada y venerada por judíos, musulmanes y cristianos, siendo uno de los rincones más profundamente religiosos del planeta.

Desde la época de Santa Helena ha sido identificado con Jabal Musa o Gebel Musa, nombre árabe que significa monte Moisés, nombre que comparte con otros montes como el monte Musa, en las proximidades de Ceuta. En él se ubica el Monasterio de Santa Catalina del Monte Sinaí, o Monasterio de la Transfiguración, dependiente de la Iglesia Ortodoxa de Jerusalén y declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2002.

El monasterio tiene gran importancia debido a su antigua y valiosa biblioteca que guarda la segunda colección más extensa de códices y manuscritos del mundo, sólo superada en número de ejemplares por la Biblioteca Vaticana. Contiene unos 5.000 libros sagrados, entre los cuales se incluyen 3.000 manuscritos griegos, 700 árabes, 266 sirios, 86 georgianos y 80 textos eslavos, así como muchos otros armenios, latinos, persas, polacos, etíopes y coptos.

Algunos de los manuscritos son incluso más antiguos que el propio monasterio, y varios de los manuscritos griegos se remontan al período bizantino temprano. Inicialmente, se encontraba entre ellos el Codex Sinaiticus, uno de los más antiguos e importantes manuscritos bíblicos -en griego- datado posiblemente de la mitad del siglo XV, y que hoy en día se halla en el Museo Británico de Londres.

Los manuscritos en lengua árabe comprenden más de 700 pergaminos y códices y unos 1.400 registros en papel y pergamino, el más antiguo de los cuales es el Codex Arabicus, que data del siglo IX.

La colección de manuscritos contempla también el Codex Syriacus, un texto sirio de los evangelios escrito en el año 400. La Biblioteca destaca también por su colección única de documentos oficiales, algunos de los cuales se desenrollan en varios metros.

Entre 1949 y 1950, la mayoría de los manuscritos fueron microfilmados por la Fundación Americana para el Estudio del Hombre, en representación de la Biblioteca del Congreso en Washington, DC, y con la ayuda de la Universidad de Alejandría.

En 1975, unos trabajadores, al picar accidentalmente una pared, descubrieron más de 3.000 manuscritos, entre los que se encontraban textos bíblicos antiguos, algunas partes desaparecidas del Codex Sinaiticus, cincuenta códices incompletos, diez prácticamente completos y otros textos griegos en escritura uncial, que arrojaron nueva luz sobre la historia de la escritura griega. Además, se encontraron numerosos documentos en varias lenguas semíticas, afroasiáticas e indoeuropeas datadas del siglo VI y anteriores.

En el complejo se encuentran obras de arte únicas, entre las que se encuentran mosaicos, iconos rusos y griegos, pinturas encáusticas, ornamentos religiosos, cálices y relicarios. Entre los iconos que guarda el monasterio se encuentran algunos de los más antiguos del mundo, datados de los siglos V y VI.

Cabe destacar el Pantocrátor del Sinaí, del siglo VII, el libro de la escalera del divino ascenso, un icono del siglo XII del libro de San Juan Climacus, o el icono más antiguo sobre un tema del Antiguo Testamento. Se ha ideado un proyecto para catalogar las obras de la biblioteca del monasterio.

La colección de más de 2.000 iconos se encuentra expuesta en una galería especial, el Museo de los Iconos. En ella están representadas casi cada una de las escuelas de la iconografía bizantina desde el siglo VI hasta el siglo XVIII, e incluye muchos iconos que escaparon de la destrucción que se llevó a cabo durante el período iconoclasta, siglos VIII y IX. Entre los trabajos más interesantes se halla una representación de San Pedro pintado en estuco, la misma técnica de cera coloreada utilizada para los retratos de al-Fayyum, muchos de los cuales pueden verse en el Museo Egipcio de El Cairo.

El monasterio también se hizo famoso como centro de pintura de iconos bizantinos, y todavía hoy existe allí una escuela de pintura de iconos.

Si desea ampliar información acerca de la rica documentación (disponible en griego, árabe e inglés) que se custodia en este lugar tan sagrado, puede acceder a ello en el  siguiente enlace.

 

“El camino hacia la cima es, como el viaje a uno mismo, una ruta en solitario”. Alessandro Gogna

Kary Hernández López 

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