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Miércoles, 11 Noviembre 2015 00:00

Luces en las sombras de la rocambolesca leyenda de los marqueses de Linares

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Portada de: "El Secreto de Raimunda", de Carmen Maceiras (Sílex, 2009) Portada de: "El Secreto de Raimunda", de Carmen Maceiras (Sílex, 2009)

Recientemente, con motivo de un especial televisivo emitido la pasada noche de ánimas, la famosa historia del Palacio de Linares volvió a ser actualidad. ¿La conocéis? Los que ya teníais uso de razón allá por 1990, estoy seguro que sí; que todos tuvisteis la oportunidad de escuchar aquellas tétricas psicofonías supuestamente capturadas en el Palacio de Linares, que abrieron durante días los telediarios de todas las cadenas de radio y televisión. Pero… ¿conocéis cuál es la verdad que se esconde tras esta historia?

Como un testigo mudo de los esplendores de otra época, en el cruce de Alcalá con Recoletos, el Palacio de Linares se levanta impasible como una masa de piedra, hierro y cristal, abriendo sus curvas balconadas a la Cibeles. El edificio, que se encuentra emplazado en el lugar que una vez ocuparon los Molinos de Plata y el Pósito Real de Madrid, se comenzó a construir en 1877 según los planos y diseños de los famosos Colubí y Ombretch, siguiendo los deseos de don José de Murga y Reolid (1833-1902) y doña Raimunda de Osorio y Ortega (1834-1901), I marqueses de Linares y a la sazón I vizcondes de Llanteno.

De estilo neobarroco, impregnado de los eclecticismos propios de la maravillosa decadencia decimonónica, sus interiores albergan un auténtico templo de las artes. Asombrosamente rehabilitado a principios de la década de 1990 para albergar la Casa de América, no es precisamente por esta razón que el Palacio de Linares lleva años ocupando un lugar en el imaginario colectivo. Es por su fascinante historia. Es por sus fantasmas. Y por la rocambolesca leyenda que persigue a sus primeros moradores.

Desde principios del siglo XX, los mentideros de Madrid se han encargado de tejer una auténtica leyenda en torno a la vida de los marqueses de Linares. Según ésta, un joven José de Murga y Reolid habría confesado a su padre, el industrial Mateo de Murga y Michelena, haberse enamorado de una muchacha de origen humilde, Raimunda Osorio. El padre, horrorizado, habría mandado al hijo a recorrer mundo para impedirle los amoríos con esta joven. Una vez muerto don Mateo, José y Raimunda se habrían casado y habrían engendrado a una niña, la famosa Raimundita. Al parecer, todos felices hasta que, poco después, José habría encontrado en el despacho de su padre una carta dirigida a él en la que éste le confesaba la verdadera razón de su oposición a su amorío de juventud. No era el origen humilde de Raimunda lo que le horrorizaba, sino un pequeño detalle sin importancia que se les escapaba: la muchacha era fruto de una relación extramatrimonial que Mateo habría mantenido con Benita Ortega, una cigarrera del barrio de Lavapiés, y por tanto, los ahora recién casados eran hermanastros de padre. Al enterarse de su situación, los marqueses habrían escrito una carta a Pío IX que, consciente del escándalo que suponía su matrimonio, les habría concedido una bula papal a la que la rumorología ha denominado “Casti convivere”; es decir, que les daba permiso para vivir juntos, pero no revueltos. Pero, ¿qué hacer entonces con la niña? Bueno, hay cientos de versiones, cada cual más cruenta: la ahogaron; la emparedaron; la enterraron en la capilla o en la casa de muñecas que adorna el jardín, etc. Y así, toda esta tragedia griega es la que, al parecer, habría convertido al Palacio de Linares en uno de los edificios encantados de Madrid.

Hasta aquí la leyenda. Pero, ahora vamos a la verdad. ¿Era la marquesa de Linares hija de una cigarrera de origen humilde? ¿Existió verdaderamente una carta de confesión por parte del padre del marqués? ¿Eran los marqueses de Linares hermanastros? ¿Existió realmente la bula "Casti convivere"? ¿Tuvieron una hija a la que llamaron Raimundita? Y si fue así, ¿qué fue de ella?

Dicen por ahí que toda leyenda bebe directamente de la realidad. Y dicen bien. Entonces, ¿por qué a nadie se le había ocurrido acudir directamente a las fuentes primarias? ¿Por qué seguían mudos los legajos custodiados en los archivos madrileños? Afortunadamente, alguien se ha molestado en rescatarlos y darles voz. Por eso hoy, os dejo una recomendación que pone luces sobre todas estas sombras. Un imprescindible para todos aquellos interesados en la base histórica de tanta leyenda. Y ya os adelanta un servidor que la verdad es, aunque libre, mucho más escandalosa y turbia.

MACEIRAS REY, Carmen. El secreto de Raimunda, la marquesa de Linares. Madrid: Sílex, 2009.

 

Carlos Díaz Redondo

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