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Predecesora de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, ésta carta fue expedida el 12 de junio de 1215 en Runnymede por el rey Juan I de Inglaterra (1167-1216), y es considerada la base constitucional británica.

Si bien la Carta Magna es considerada la piedra angular de la democracia moderna y del sistema jurídico anglosajón, Gran Bretaña carece hasta el día de hoy de una Constitución escrita. El país dispone de una Constitución consuetudinaria, que se compone de diversas convenciones, leyes y compromisos contractuales.

De las 53 cláusulas originales de la Carta Magna, solo tres están actualmente vigentes en Inglaterra y Gales: el derecho a la justicia y a un juicio justo; la libertad de confesión y las libertades históricas de la ciudad de Londres.

El documento sigue teniendo importancia, según la historiadora Emm Johnstone, del Royal Holloway College, aunque muchos británicos no tengan conciencia de eso en la actualidad. En opinión de la académica, ese vacío de conocimientos podría llenarse si se vinculan los documentos históricos con debates actuales, como el relativo a la vigilancia de los datos de Internet. “La gente joven reflexionaría entonces sobre lo que esas libertades significan para el día de hoy”, apunta.

En su aniversario, la Biblioteca Británica ha presentado de manera conjunta las cuatro copias originales que se conservan actualmente. Las copias han estado expuestas en la Cámara de los Lores para conmemorar los ocho siglos que se cumplían éste mes, de su creación.

Una vez finalizada la exposición, las copias volverán a sus lugares originales. Dos de ellas se custodian en las catedrales inglesas de Lincoln y Salisbury. Y las otras dos en la Biblioteca Británica (Londres).

“La exposición supone un momento muy emocionante e histórico, ya que por primera vez se exponen de manera conjunta las cuatro copias que se conservan”.

Claire Bray

Directora de manuscritos medievales

Biblioteca Británica

 

Cari Hernández

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Hace unos días los medios de comunicación se hacían eco de una sobrecogedora noticia: un fraile dominico iraquí es el responsable de que los importantes manuscritos de Mosul y Qaraqosh, que dan testimonio de la presencia cristiana desde el nacimiento de la Iglesia, se hayan salvado después de la toma del territorio en medio del difícil conflicto que azota el país.

En palabras del propio fraile hemos podido conocer cómo se llevó a cabo dicha intervención, y relató la forma en la que se protegieron los manuscritos: "Evacuamos en camión una buena parte de los manuscritos de Qaraqosh a Erbil, en el Kurdistán (iraquí), que se encuentra a 70 kilómetros". Al llegar a la frontera, se impidió el paso del vehículo y el religioso tuvo que confiar estos tesoros culturales a las familias que cruzaban la frontera para huir de la violencia. "Estábamos ahogados en medio del inmenso éxodo de poblaciones cristianas y yazidíes, que huían masivamente para refugiarse en Erbil", recordó. Los documentos fueron recuperados y dispuestos en un lugar discreto, días antes de que las bibliotecas de sus dos ciudades originarias fueran destruidas.

Para ver el vídeo haga clic aquí

"Era absolutamente necesario que esos manuscritos, conservados en la biblioteca de los dominicos en Mosul y luego en Qaraqosh (también conocida como Bajdida), escaparan a la destrucción sistemática del patrimonio cultural mundial”. El fondo incluye textos sobre historia, filosofía, espiritualidad cristiana y musulmana, literatura o música, escritos en arameo, siriaco, árabe o armenio.

Los manuscritos, excepcionales por su caligrafía y sus miniaturas, dan además testimonio de la antiquísima presencia del cristianismo entre los ríos Tigris y Éufrates. Razón por la cual querían ser eliminados por parte de extremistas radicales.

Pero el hermano Najeeb explica que estos documentos "son como un puente entre las civilizaciones, que dan fe del pasado y dicen muchas cosas sobre el presente".

 

Cari Hernández López

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La base de datos de Archivos Personales y de Entidades de la Biblioteca Nacional de España permite la búsqueda y localización de los fondos documentales que son fruto de las actividades personales y profesionales de figuras importantes de nuestra cultura. En el caso de los archivos de música, se incluyen también colecciones generadas por la actividad de determinadas entidades, que dan testimonio de la producción y recepción de la música en España.

A través de la base de datos, que irá incrementándose paulatinamente, se puede acceder a un estudio pormenorizado del fondo, a la historia de su adquisición, así como a cada uno de los documentos agrupados en secciones y series con el fin de reflejar de una forma ordenada su contenido. Con la puesta en línea de esta base de datos se pretende facilitar el acceso y la investigación, así como incentivar a coleccionistas privados e instituciones a que depositen este tipo de archivos en la BNE como un medio para evitar su dispersión.

Gracias a todas esas donaciones, la colección de archivos personales del Servicio de Manuscritos e Incunables de la Biblioteca Nacional reúne algo más que simples papeles, al ofrecer al investigador una puerta abierta a la intimidad de los autores que les dieron vida.

Consulte la base de datos de Archivos Personales y de Entidades en el siguiente enlace.

Si desea obtener más información sobre los archivos personales custodiados en la Biblioteca Nacional de España, puede acceder a la presentación oficial que realizó María José Rucio Zamorano (Servicio de Manuscritos e Incunables de la BNE) con motivo de las quintas jornadas “Archivos y Memoria (2011)” organizadas por dicha biblioteca, haciendo clic aquí.

 

Cari Hernández López

 

 

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La Memoria del Mundo es la memoria colectiva y documentada de los pueblos del mundo -su patrimonio documental- que, a su vez, representa buena parte del patrimonio cultural mundial. Traza la evolución del pensamiento, de los descubrimientos y de los logros de la sociedad humana. Es el legado del pasado a la comunidad mundial presente y futura. La Memoria del Mundo se encuentra en gran medida en las bibliotecas, los archivos, los museos y los lugares de custodia existentes en todo el planeta, y un elevado porcentaje de ella corre peligro en la actualidad. El patrimonio documental de numerosos pueblos se ha dispersado debido al desplazamiento accidental o deliberado de fondos y colecciones, a los botines de guerra o a otras circunstancias históricas. Algunas veces hay obstáculos prácticos o políticos que obstaculizan su acceso, y en otros casos pesa sobre él la amenaza de deterioro o destrucción. Las solicitudes de repatriación del patrimonio han de tomar en consideración las circunstancias, además de la justicia.

Los peligros son múltiples. Por estar compuesto sobre todo de materiales naturales, sintéticos u orgánicos sujetos a la inestabilidad y la descomposición químicas, el patrimonio documental está permanentemente expuesto a los efectos de las calamidades naturales, como las inundaciones y los incendios, a los desastres provocados por el hombre, como los saqueos, accidentes o guerras, y al deterioro gradual que puede deberse a la ignorancia o a la negligencia, que hacen que no se le provea del cuidado básico ni se almacene o proteja debidamente. En el caso de los materiales audiovisuales y electrónicos también se producen pérdidas por la obsolescencia técnica, ocasionada con frecuencia por imperativos comerciales a los que no se atiende sin concebir a cambio materiales o tecnologías más estables con fines de preservación.

La creciente toma de conciencia de estos riesgos ha hecho advertir que apremia ponerles remedio. Ya se ha perdido definitivamente demasiado patrimonio documental, y para gran parte de lo que queda la preservación intervendrá en el último momento, si es que llega a producirse. Las competencias e instalaciones necesarias para una medida de este tipo se encuentran distribuidas desigualmente en el mundo.

El Programa Memoria del Mundo determina el patrimonio documental de importancia internacional, regional y nacional; lo inscribe en un registro y otorga un logotipo para identificarlo. Facilita asimismo su preservación y el acceso sin discriminación. Además, organiza campañas para sensibilizar sobre el patrimonio documental, alertar a los poderes públicos, a los ciudadanos y a los sectores empresarial y comercial de las necesidades de preservación, y para recaudar fondos.

El Programa Memoria del Mundo es un proyecto verdaderamente internacional con una secretaría central, comités internacionales, regionales y nacionales, y asociados en los sectores gubernamentales, profesionales y empresariales, lo que le permite mantener una perspectiva global que abarca todos los países y pueblos, cuyos esfuerzos colectivos serán necesarios para conseguir que la Memoria se conserve sin distorsiones ni pérdidas.

 

Cari Hernández López

 

 

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El Museo de Israel es la institución cultural más grande del Estado de Israel y está considerado uno de los museos de arte y arqueología líderes en el mundo. Fundado en 1965, alberga colecciones enciclopédicas que abarcan desde la prehistoria hasta el arte contemporáneo e incluyen la mayor colección de piezas de arqueología bíblica y de Tierra Santa del mundo. En tan solo 50 años y gracias al legado de donaciones y al apoyo generoso de su círculo de benefactores en todo el mundo, el Museo ha construido una extensa colección de alrededor de 500.000 objetos que comprenden las distintas manifestaciones de la cultura material universal.

El Museo de Israel alberga y expone los manuscritos en el Santuario del Libro desde su inauguración en 1965. Diseñado por Armand Bartos y Frederick Kiesler, el conjunto arquitectónico presenta una cuidada simbología en la que destaca la característica cúpula blanca que evoca la forma de las tapas de las jarras donde se encontraron los manuscritos. El Proyecto Digital de los Manuscritos del Mar Muerto se ha llevado a cabo con el apoyo de George Blumenthal y el Centro de Estudios Judaicos Online, cuyo sueño y visión ha sido siempre la creación de un marco que permita a investigadores y al público en general el acceso a los manuscritos.

Descubiertos entre los años 1947 y 1956 en once cuevas situadas en la orilla noroccidental del Mar Muerto, los manuscritos datan de entre el siglo III antes de la era común y el I de nuestra era. Son atribuidos generalmente a una secta judía aislada establecida en Qumrán, en el desierto de Judea, que en los manuscritos recibe el nombre de ha-Yahad (la Comunidad).

Los documentos digitalizados accesibles ahora a través del Proyecto Digital de los Manuscritos del Mar Muerto incluyen:

 

·         El Gran Rollo de Isaías (1QIsa): Datado aproximadamente del año 125 antes de la era común contiene el texto íntegro del libro de Isaías y es el único manuscrito de la antigüedad que conserva una copia completa de un libro bíblico.

·         Regla de la Guerra (1QM): Data de finales del siglo I antes de la era común o principios de nuestra era y describe el enfrentamiento entre los “Hijos de la Luz” y los “Hijos de las Tinieblas” que tendrá una duración de 49 años y acabará con la victoria de los “Hijos de la Luz” y la restauración de las prácticas en el Templo acordes con las creencias de estos.

·         Rollo del Templo (11Q19): Datado de finales del siglo I antes de la era común o comienzos del siglo I de nuestra era, presenta una serie de normas para la construcción del Templo y el culto en él, proporcionando un plan para un Templo imaginario o futuro. Con apenas una décima de milímetro de grosor, el Rollo del Templo es el manuscrito más fino de cuantos se han encontrado en el Mar Muerto.

·         Regla de la Comunidad (1QS): Datado del siglo I antes de la era común, es un documento clave para conocer el modo de vida de la Comunidad. En ella se tratan temas como la admisión de nuevos miembros, las normas de comportamiento en las comidas comunitarias, oraciones, rituales de purificación y principios teológicos.

·         Comentario a Habacuc (1QpHab): Datado de la segunda mitad del siglo I antes de la era común, el manuscrito interpreta los dos primeros capítulos del libro del profeta bíblico Habacuc con un estilo peculiar y característico que lo convierte en una importante fuente de conocimiento sobre la vida espiritual de la secta de Qumrán, vertiendo luz sobre la percepción que la comunidad tenía de sí misma.

 

Acceso a los manuscritos digitalizados

Vídeo promocional del Proyecto Digital de los Manuscritos del Mar Muerto

 

“El Proyecto de los Manuscritos del Mar Muerto con el Museo de Israel enriquece y preserva una importante parte de la herencia mundial haciéndola accesible al mundo por medio de Internet”.

 

Prof. Yossi Matias

     Director General del Centro de I+D de Google en Israel.

 

Kary Hernández López

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Cada joya bibliográfica que documenta la historia de las civilizaciones antiguas se ha convertido en parte de un patrimonio global que necesita ser cuidadosamente conservado y estudiado. Entre tales tesoros, los manuscritos ocupan un lugar destacado en la medida en que nos hablan con las propias palabras de los hombres y mujeres, desaparecido hace tiempo, trayendo de vuelta sus creencias, ideas y sensibilidades a la vida inmediata. En este sentido, las colecciones de manuscritos islámicos que custodia la  Biblioteca de la Universidad de Cambridge son un recurso precioso, hasta ahora poco conocido para los investigadores. La Universidad de Cambridge es la segunda más antigua en el mundo anglosajón, una de las universidades más exigentes y de mayor prestigio académico que desde sus orígenes ha rivalizado con Oxford en la formación de la élite intelectual y política de Gran Bretaña.

La colección de manuscritos islámicos de la biblioteca universitaria de Cambridge se remonta a la década de 1630, época en la que se fundó la primera  cátedra en estudios árabes. Desde entonces, la colección ha ido creciendo paulatinamente en tamaño y diversidad y cuenta con más de 5.000 obras, incluyendo colecciones de Thomas Erpenius, J.L.Burckhardt, E.H.Palmer y  E.G. Browne. Manuscritos que arrojan luz sobre múltiples aspectos del mundo islámico, sus creencias y su aprendizaje y que merecen ser destacados, debido a su importancia histórica, singularidad, belleza y contenido fascinante. Y que puede consultarse haciendo clic aquí.

La colección de manuscritos islámicos se enriqueció aún más durante los siglos a través de las actividades de los coleccionistas eruditos y bibliotecarios cualificados, añadiendo más tesoros bibliográficos a la ya impresionante colección de manuscritos. Sin embargo, esta extraordinaria colección se ha mantenido relativamente desconocida fuera de dicha Universidad.

Ahora la Biblioteca ha lanzado un nuevo portal “Biblioteca Digital de Cambridge” cuyo fin es dibujar un nuevo horizonte que preste especial atención a sus tesoros documentales y bibliográficos a través de catalogación y digitalización. En colaboración con la Bodleian de Oxford ( la Biblioteca Bodleiana es la principal biblioteca de investigación de la Universidad de Oxford ) y otras bibliotecas de investigación para proporcionar un catálogo en línea de la colección, ofreciendo una selección de manuscritos digitalizados.

En esta selección, se presenta la colección completa de los primeros manuscritos coránicos copiados durante los cuatro primeros siglos del Islam. Con una subvención concedida por  The Islamic Manuscript Associationen 2012 la plataforma se vio enriquecida con  la descripción del contenido de cada fragmento. Entre la preciosa colección destaca primer Corán (una donación de Amajur, el gobernador de Damasco en 876 AD / 262 AH).

Dentro de la amplia colección de manuscritos islámicos se ha incluido un Corán completo y bellamente ilustrado y tempranos fragmentos que se remonta a los primeros siglos del calendario islámico. De la rica literatura que abarca la tradición islámica, podemos destacar la única copia existente de Kitab al-Tawhid , la famosa obra teológica por al-Maturidi, junto a obras de ciencia y algunos ejemplos ricamente ilustrados de la literatura persa .

 

Kary Hernández López

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Martes, 07 Abril 2015 00:00

Libro de oraciones de Düzdidil

Este libro de oraciones, lujosamente decorado, fue encargado hacia 1844 para Düzdidil, la tercera mujer en el harén del sultán otomano Abdülmecid I (reinó entre 1839 y 1861). El motivo del encargo fue trágico: la mujer, de 19 años, había sido víctima de la epidemia de la tuberculosis que entonces azotaba Estambul. Como correspondía a su posición, el libro de oraciones estaba ricamente adornado. Contiene 33 suras del Corán (nombre que recibe cada uno de los 114 capítulos en los que se divide el Corán, libro sagrado del Islam), 80 oraciones de petición y alabanza, y 61 miniaturas.

El estilo rococó del manuscrito corresponde al gusto otomano de la época. Un artista llamado Hüseyin creó las emotivas ilustraciones del apéndice, que muestran vistas de los lugares sagrados de La Meca y Medina, así como las reliquias del Profeta que se conservaban en el palacio Topkapi (es decir, su alfombra de oración, el rosario, el palillo de dientes y los estandartes). Además, se representan muchos otros objetos de la creencia islámica popular, como la espada de Ali llamada Zulfiqar, la huella del Profeta y el sello de Salomón.

Puede acceder a la digitalización del libro de oraciones de la princesa otomana haciendo clic aquí. Esta joya bibliográfica se custodia actualmente en la Biblioteca Estatal de Baviera (Bayerische Staatsbibliothek - Bavarian State Library) y también se encuentra disponible en la Biblioteca Digital Mundial (ver aquí) .

 

Kary Hernández López

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Rodolfo Gil Torres-Benumeya, fue un periodista, ensayista e historiador español. Autor de innumerables y reconocidas obras relacionadas con el mundo árabe como:

 

  • Cartilla del español en Marruecos (con seudónimo)
  • El problema de Tánger y la opinión española
  • Mediodía
  • Ni Oriente ni Occidente: el Universo visto desde el Albayzín
  • Marruecos andaluz
  • Estampas marroquíes y Tánger por el Jalifa con el fotógrafo Nicolás Muller
  • Momento de España en Marruecos (folleto)
  • Historia de la política árabe
  • Panorama del mundo árabe
  • Hispanidad y arabidad
  • Andalucismo africano
  • España tingitana
  • España y el mundo árabe
  • España dentro de lo árabe
  • Claroscuro andaluz

Los fondos donados a la Biblioteca Islámica fueron trasladados desde la casa que Rodolfo Gil tenía en Tetuán durante el mes de mayo de 2012, gracias a fórmulas de cooperación institucional entre las representaciones españolas en Marruecos (personal del Instituto Cervantes, el cónsul en Tetuán y la Embajada de España) con la AECID. Dichos fondos representan aproximadamente la mitad de la biblioteca que conservaba en Tetuán y que, junto con los centenares de libros que tenía en su casa de Madrid, integraban una magnífica colección que hoy ha quedado dividida en tres partes: la que conservan sus herederos, la que ha sido donada a la Biblioteca Islámica y la que fue donada simultáneamente al Centro Cultural Lerchundi de Martil. Hubo también algunos documentos que se quedaron en la biblioteca del Instituto Cervantes de Tetuán, sobre todo artículos relacionados con el Magreb y ponencias del autor con documentación relacionada (bibliografía, notas manuscritas para la elaboración de otras obras…).

Esa biblioteca era el testimonio vivo de sus inquietudes, títulos relacionados con su formación y su trabajo como arabista: lengua árabe, lingüística semítica, literatura, historia, sociología y estudios moriscos.

El segundo bloque de libros lo conforman los que se centran en la tradición oral y folklore, otro de sus terrenos predilectos de investigación. En estrecha relación con éste, un tercer grupo heterogéneo de obras comprende desde la historia de las religiones y diferentes mitologías hasta las prácticas mágicas o adivinatorias, el chamanismo y la alquimia. Son también numerosos los títulos dedicados al estudio de las civilizaciones antiguas del Mediterráneo y muy especialmente a la egipcia, ya que realizó incursiones académicas en la egiptología y, aunque no siguió finalmente esa senda, tuvo un vasto conocimiento de la historia, la cultura y la mitología egipcias.

Estas aparecen de forma recurrente en su pensamiento en tanto que sustrato de las culturas mediterráneas. En cuarto lugar es necesario mencionar una amplia colección de narrativa de todo tipo, en la que destacan, además de los clásicos hispanos, la literatura fantástica, de terror y de ciencia ficción, una de sus aficiones personales más características.

Los herederos de este impresionante legado conservan un nutrido fondo bibliográfico de todo tipo, además de sus archivos personales integrados, sobre todo, por apuntes originales e inéditos, fotografías, recortes de prensa y una extensa correspondencia, que ilustra las vicisitudes de la acción cultural española en Marruecos y que incluye cartas de su padre.

Puede acceder a la colección haciendo clic aquí

 

Kary Hernández López

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El monte Sinaí o monte Horeb es una montaña situada al sur de la península del Sinaí, al nordeste de Egipto, entre África y Asia, y es el lugar donde, según la Biblia, Dios entregó a Moisés los Diez Mandamientos. Por lo tanto, se trata de una zona sagrada y venerada por judíos, musulmanes y cristianos, siendo uno de los rincones más profundamente religiosos del planeta.

Desde la época de Santa Helena ha sido identificado con Jabal Musa o Gebel Musa, nombre árabe que significa monte Moisés, nombre que comparte con otros montes como el monte Musa, en las proximidades de Ceuta. En él se ubica el Monasterio de Santa Catalina del Monte Sinaí, o Monasterio de la Transfiguración, dependiente de la Iglesia Ortodoxa de Jerusalén y declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2002.

El monasterio tiene gran importancia debido a su antigua y valiosa biblioteca que guarda la segunda colección más extensa de códices y manuscritos del mundo, sólo superada en número de ejemplares por la Biblioteca Vaticana. Contiene unos 5.000 libros sagrados, entre los cuales se incluyen 3.000 manuscritos griegos, 700 árabes, 266 sirios, 86 georgianos y 80 textos eslavos, así como muchos otros armenios, latinos, persas, polacos, etíopes y coptos.

Algunos de los manuscritos son incluso más antiguos que el propio monasterio, y varios de los manuscritos griegos se remontan al período bizantino temprano. Inicialmente, se encontraba entre ellos el Codex Sinaiticus, uno de los más antiguos e importantes manuscritos bíblicos -en griego- datado posiblemente de la mitad del siglo XV, y que hoy en día se halla en el Museo Británico de Londres.

Los manuscritos en lengua árabe comprenden más de 700 pergaminos y códices y unos 1.400 registros en papel y pergamino, el más antiguo de los cuales es el Codex Arabicus, que data del siglo IX.

La colección de manuscritos contempla también el Codex Syriacus, un texto sirio de los evangelios escrito en el año 400. La Biblioteca destaca también por su colección única de documentos oficiales, algunos de los cuales se desenrollan en varios metros.

Entre 1949 y 1950, la mayoría de los manuscritos fueron microfilmados por la Fundación Americana para el Estudio del Hombre, en representación de la Biblioteca del Congreso en Washington, DC, y con la ayuda de la Universidad de Alejandría.

En 1975, unos trabajadores, al picar accidentalmente una pared, descubrieron más de 3.000 manuscritos, entre los que se encontraban textos bíblicos antiguos, algunas partes desaparecidas del Codex Sinaiticus, cincuenta códices incompletos, diez prácticamente completos y otros textos griegos en escritura uncial, que arrojaron nueva luz sobre la historia de la escritura griega. Además, se encontraron numerosos documentos en varias lenguas semíticas, afroasiáticas e indoeuropeas datadas del siglo VI y anteriores.

En el complejo se encuentran obras de arte únicas, entre las que se encuentran mosaicos, iconos rusos y griegos, pinturas encáusticas, ornamentos religiosos, cálices y relicarios. Entre los iconos que guarda el monasterio se encuentran algunos de los más antiguos del mundo, datados de los siglos V y VI.

Cabe destacar el Pantocrátor del Sinaí, del siglo VII, el libro de la escalera del divino ascenso, un icono del siglo XII del libro de San Juan Climacus, o el icono más antiguo sobre un tema del Antiguo Testamento. Se ha ideado un proyecto para catalogar las obras de la biblioteca del monasterio.

La colección de más de 2.000 iconos se encuentra expuesta en una galería especial, el Museo de los Iconos. En ella están representadas casi cada una de las escuelas de la iconografía bizantina desde el siglo VI hasta el siglo XVIII, e incluye muchos iconos que escaparon de la destrucción que se llevó a cabo durante el período iconoclasta, siglos VIII y IX. Entre los trabajos más interesantes se halla una representación de San Pedro pintado en estuco, la misma técnica de cera coloreada utilizada para los retratos de al-Fayyum, muchos de los cuales pueden verse en el Museo Egipcio de El Cairo.

El monasterio también se hizo famoso como centro de pintura de iconos bizantinos, y todavía hoy existe allí una escuela de pintura de iconos.

Si desea ampliar información acerca de la rica documentación (disponible en griego, árabe e inglés) que se custodia en este lugar tan sagrado, puede acceder a ello en el  siguiente enlace.

 

“El camino hacia la cima es, como el viaje a uno mismo, una ruta en solitario”. Alessandro Gogna

Kary Hernández López 

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La República Islámica de Afganistán es un país situado en el corazón de Asia, entre el subcontinente indio y Oriente Medio. En este estratégico lugar del continente asiático fueron hallados unos manuscritos en hebreo que fueron adquiridos más tarde por la Biblioteca Nacional de Israel y que han sido comparados en importancia con el descubrimiento, en el siglo XIX, de la Genizah del Cairo.

Entre los documentos hallados en unas cuevas del país afgano, se han identificado comentarios de la ley hebrea, documentos comerciales y cartas de más de mil años de antigüedad. Apareció correspondencia de Saadia Gaón (quien fuera a mediados del siglo X jefe de las academias rabínicas de Babilonia), comentarios bíblicos, cartas personales y registros financieros. Hay también documentos que fueron testigo de las actividades comerciales a lo largo de las varias rutas de la “Ruta de la seda” que conectaban Europa con Oriente.

De acuerdo a la ley hebrea, no se destruyen escritos que contengan los nombres del Señor, porque se consideran un tesoro. Una copia de la Torá (texto que contiene la ley y el patrimonio identitario del pueblo israelita que constituye la base y el fundamento del judaísmo) no es apta para lectura si una sola letra está dañada, pero  no se puede tirar. Son, por tanto, documentos que merecen gran respeto. Los rabíes del Talmud (obra que recoge principalmente las discusiones rabínicas sobre leyes judías, tradiciones, costumbres, narraciones y dichos, parábolas, historias y leyendas) fijan como jurisprudencia que han de ser enterrados en un cementerio judío o guardarlos en una “Genizah” (depósito que tienen las sinagogas y yeshivot dedicado a almacenar los manuscritos y material sagrado que queda en desuso). Esto no se efectúa con el fin de conservarlos, sino de evitar que cualquier escrito que contenga el nombre divino sea tratado de manera indigna. La práctica llevó a depositar en lugar seguro no solamente manuscritos de la Torá, sino también sus comentarios, los tomos de Talmud, libros de rezos, respuestas rabínicas a temas concretos y todo documento escrito en letras hebreas, cartas y contratos, aunque eventualmente se trate de transliteraciones de cualquier otro idioma, escrito en letras hebreas.

El descubrimiento de este archivo, que ya se conoce como “la Genizah afgana”, ha sacudido al mundo de los eruditos que estudian manuscritos antiguos y al de los comerciantes que los compran y venden. La Biblioteca Nacional de Israel no quiso revelar el precio de su compra, solamente se sabe que las negociaciones de adquisición se demoraron alrededor de un año.

La Biblioteca Nacional de Israel ha prometido digitalizar los hallazgos y alojarlos en la página web oficial de la Bibliotecapara que todos podamos verlos y estudiarlos.

 

 

“Esta es la primera vez que tenemos una evidencia física y real de la vida judía en el ámbito de la cultura iraní durante la Edad Media. Estamos analizando veintinueve piezas en idioma persa con caracteres hebreos, persa en caracteres árabes, árabe en caracteres arábigos y en caracteres hebraicos”.

 

Prof. Haggai Ben Shammai

 Director académico de la Biblioteca Nacional de Israel

 

Cari Hernández López

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