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No resultaría una locura que yo me aventure a decir que no hay archivo histórico que no comprenda entre sus fondos un buen número de encuadernaciones histórico-artísticas. A veces cubriendo obras de sus bibliotecas auxiliares, otras como parte del legado documental que custodian.

Por regla general, bien por falta de conocimientos específicos, bien por falta de interés, millones de encuadernaciones de altísimo valor patrimonial siguen sumidas en un triste letargo, acumuladas en los estantes, cubiertas por polvo y suciedad, perviviendo mudas al inexorable paso del tiempo. Hoy, lamentablemente, siguen siendo muy pocos los centros, tanto bibliotecas como archivos, que han hecho un esfuerzo por difundir, siquiera catalogar correcta o incorrectamente sus encuadernaciones.

La encuadernación, también denominada arte ligatorio, es como sabéis la última etapa en el proceso de construcción del libro. Durante siglos, ha sido considerado un arte menor, hermano pobre de tantos otros, y solamente el gran movimiento de bibliofilia que germinó en Europa hacia mitad del siglo XIX fue capaz de despertar el interés por la riqueza exterior del libro, especialmente en coleccionistas, bibliófilos y casas de subastas.

Hoy en Archivpost, como recurso, os dejo una serie de bases de datos especializadas en encuadernación histórico-artística. Que sea este mi pequeño grano de arena para fomentar la investigación en torno a este maravilloso y tan olvidado patrimonio cultural.

BIBLIOTECA NAZIONALE BRAIDENSE. Bookbinding [en línea]. Disponible en: http://www.braidense.it/bookbinding/index.html

BIBLIOTHÈQUE NATIONALE DE FRANCE. Reliures [en línea]. Disponible en: http://reliures.bnf.fr

BRITISH LIBRARY. Database of Bookbindings [en línea]. Disponible en: http://www.bl.uk/catalogues/bookbindings/

PATRIMONIO NACIONAL. REAL BIBLIOTECA. Base de datos de encuadernación histórico-artística [en línea]. Disponible en: http://encuadernacion.realbiblioteca.es/

 

Carlos Díaz Redondo

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Una de las tareas más arduas a la que archiveros y bibliotecarios -especialmente aquellos dedicados al tratamiento de documentación histórica y fondo antiguo- se enfrentan en su día a día es sin lugar a dudas procurar la integridad de la documentación custodiada en sus centros.

Si a la falta de personal especializado en esta importante tarea, especialmente cuando hablamos de archivos o bibliotecas de pequeño tamaño, le sumamos la variada casuística de alteraciones -tanto intrínsecas como extrínsecas- que pueden afectar a los materiales más comunes en los centros -como el papel o el pergamino-, entonces nos encontramos con un cóctel fácilmente inflamable.

Para controlar este tipo de peligros, se hace absolutamente necesario desarrollar planes efectivos de conservación preventiva así como saber gestionar correctamente cualquier posible desastre, por inofensivo que éste parezca. Siquiera una noción básica acerca de este aspecto puede salvar cualquier documento de su destrucción.

Una de los mejores manuales que se han publicado en España en los últimos años acerca de este tema viene de la mano del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Hoy, os lo dejo como recurso.

Lo tenéis disponible para descarga y totalmente gratuito en el siguiente enlace:

ESPAÑA. MINISTERIO DE EDUCACIÓN, CULTURA Y DEPORTE. Conservación preventiva y Plan de Gestión de Desastres en Archivos y bibliotecas. Madrid: Ministerio de Cultura, Subdirección General de Publicaciones, Información y Documentación, 2010. Disponible en: https://sede.educacion.gob.es/publiventa/descarga.action?f_codigo_agc=13786C_19

Carlos Díaz Redondo

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Seguro que ya todos sabéis que recientemente, el egiptólogo británico Nicholas Reeves, director del Amarna Royal Tombs Project, anunció que -crucemos los dedos- uno de los mayores descubrimientos arqueológicos de la Historia está a punto de tener lugar. Según las últimas investigaciones realizadas bajo la atenta mirada del Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto, tras las paredes de la tumba de Tutankamón, se encuentran varias cámaras secretas que, en opinión de Reeves, podrían conducir definitivamente al tesoro mejor guardado del Imperio Nuevo egipcio: la última morada de la madrastra del famoso rey niño, la misteriosa reina Nefertiti.

El periodo denominado Imperio Nuevo, y más concretamente el ocaso de la dinastía XVIII, coincide con el truculento cisma de Amarna, provocado por el desentronamiento del dios Amón por voluntad del faraón hereje Akenatón, esposo de Nefertiti y padre de Tutankamón. Prohibiendo su culto para favorecer al dios solar Atón, Akenatón llegó a abandonar Tebas para fundar una nueva ciudad en medio del desierto, Ajetatón, hoy Tell el-Amarna.

Lo cierto es que aquel primer experimento de monoteísmo resultó un auténtico fiasco. Muerto Akenatón, sin que los historiadores consigan ponerse de acuerdo en qué le sucedió a su amada esposa y reina Nefertiti, el jovencísimo Tutankamón se vio obligado a devolver la capital a Tebas y a restaurar el poder de los sacerdotes de Amón. En ese periodo de tiempo, la idílica Ajetatón fue desmantelada piedra a piedra y el recuerdo de los herejes de Atón condenado al destierro.

Ya en Tebas, restablecido el orden natural, el joven faraón murió repentinamente y fue enterrado deprisa y corriendo en una tumba demasiado pequeña para ser la casa eterna de un faraón, muy poco ornamentada en comparación a la de sus antepasados y sucesores, con útiles y tesoros que fueron tomados prestados de otras tumbas y reutilizados para la ocasión. Cerrada a cal y canto por más de tres mil años, en aquella gruta del Valle de los Reyes, en Luxor, dormía la momia de Tutankamón el sueño eterno hacia la otra vida hasta que el egiptólogo británico Howard Carter, con el patrocinio de Lord Carnarvon, logró hallar su escondite en 1922. Sin embargo, Carter, que carecía de la tecnología puntera que hoy ha permitido confirmar la existencia de cavidades inexploradas tras las paredes de la cámara del sarcófago cubiertas por frescos, desconocía que quizás ha de pasar a la Historia no sólo por haber descubierto la tumba de Tutankamón sino también, sin siquiera saberlo, la de Nefertiti.

De ser cierta la teoría de Reeves, parece que la tumba KV62 del Valle de los Reyes aún hoy no ha revelado todos sus secretos. En medio de la expectación causada por esta noticia, hoy comparto con vosotros un aperitivo para ir abriendo boca. Se trata del archivo personal de Howard Carter, recogido por el Instituto Griffith de la Universidad de Oxford. Entre los pequeños tesoros que contiene se encuentran centenares de fotografías originales de los objetos descubiertos en la tumba de Tutankamón, cartas, recortes de prensa, mapas, acuarelas y numerosos recursos online. Lo tenéis disponible en el siguiente enlace: http://www.griffith.ox.ac.uk/discoveringTut/

 

Carlos Díaz Redondo

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Miércoles, 02 Diciembre 2015 00:00

El archivo fotográfico de Franzen vuelve a la vida

Hablar de la historia de la fotografía en España sin nombrar a Franzen es llanamente un sacrilegio. Pocos o muy pocos sabían que, a falta por desgracia de una fototeca nacional que vele por la custodia y difusión del patrimonio fotográfico español, su extenso archivo fue adquirido por RTVE en 1971. Conformado por cerca de 33.000 clichés en forma de placas de cristal y negativos de gelatina, el fondo resulta imprescindible para ponerle rostro a la flor y la nata de la sociedad española decimonónica.
Christian Franzen y Nisser nació en 1864 en Dinamarca. Dejando aparcada su faceta como diplomático, hacia 1890, se instaló en Madrid, donde abrió su gabinete fotográfico. Gracias a sus contactos con los grandes del mundo ilustrado, pronto consiguió hacerse con colaboraciones periódicas en las mejores revistas de la época, como “La Ilustración Española y Americana” o la famosa “Blanco y Negro”. No en vano, la primera fotografía impresa en la prensa española se debe ni más ni menos a su cámara.
Considerado ya en vida uno de los mejores fotógrafos de tu tiempo, llegó a decirse de él que era sin duda alguna “el fotógrafo de los reyes y el rey de los fotógrafos”. Frente a su cámara desfilaron la Familia Real al completo, prácticamente toda nobleza española, un sinfín de políticos y militares, y numerosísimas personalidades del mundo de las artes y la cultura.
Ahora, tras diferentes intentos pasados que resultaron improductivos, RTVE ha anunciado que por fin ha comenzado el proceso de digitalización que ha de devolver a la vida los rostros de la España decimonónica.
Mientras el proyecto avanza y la digitalización y catalogación del material sigue su curso, para ir abriendo boca, os recomiendo echarle un vistazo a sus “Salones de Madrid”. Esta obra, publicada en 1898, recorre los principales palacetes madrileños y relata con detalle la vida bajo sus tejados a base de fotografías de Franzen y textos del famoso cronista social Monte Cristo.
Gracias al trabajo de los compañeros de la Biblioteca Histórica Municipal de Madrid, tenéis la obra totalmente digitalizada en el siguiente enlace: http://www.memoriademadrid.es/buscador.php?accion=VerFicha&id=22625&num_id=1&num_total=1

 

Carlos Díaz Redondo

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Recientemente, con motivo de un especial televisivo emitido la pasada noche de ánimas, la famosa historia del Palacio de Linares volvió a ser actualidad. ¿La conocéis? Los que ya teníais uso de razón allá por 1990, estoy seguro que sí; que todos tuvisteis la oportunidad de escuchar aquellas tétricas psicofonías supuestamente capturadas en el Palacio de Linares, que abrieron durante días los telediarios de todas las cadenas de radio y televisión. Pero… ¿conocéis cuál es la verdad que se esconde tras esta historia?

Como un testigo mudo de los esplendores de otra época, en el cruce de Alcalá con Recoletos, el Palacio de Linares se levanta impasible como una masa de piedra, hierro y cristal, abriendo sus curvas balconadas a la Cibeles. El edificio, que se encuentra emplazado en el lugar que una vez ocuparon los Molinos de Plata y el Pósito Real de Madrid, se comenzó a construir en 1877 según los planos y diseños de los famosos Colubí y Ombretch, siguiendo los deseos de don José de Murga y Reolid (1833-1902) y doña Raimunda de Osorio y Ortega (1834-1901), I marqueses de Linares y a la sazón I vizcondes de Llanteno.

De estilo neobarroco, impregnado de los eclecticismos propios de la maravillosa decadencia decimonónica, sus interiores albergan un auténtico templo de las artes. Asombrosamente rehabilitado a principios de la década de 1990 para albergar la Casa de América, no es precisamente por esta razón que el Palacio de Linares lleva años ocupando un lugar en el imaginario colectivo. Es por su fascinante historia. Es por sus fantasmas. Y por la rocambolesca leyenda que persigue a sus primeros moradores.

Desde principios del siglo XX, los mentideros de Madrid se han encargado de tejer una auténtica leyenda en torno a la vida de los marqueses de Linares. Según ésta, un joven José de Murga y Reolid habría confesado a su padre, el industrial Mateo de Murga y Michelena, haberse enamorado de una muchacha de origen humilde, Raimunda Osorio. El padre, horrorizado, habría mandado al hijo a recorrer mundo para impedirle los amoríos con esta joven. Una vez muerto don Mateo, José y Raimunda se habrían casado y habrían engendrado a una niña, la famosa Raimundita. Al parecer, todos felices hasta que, poco después, José habría encontrado en el despacho de su padre una carta dirigida a él en la que éste le confesaba la verdadera razón de su oposición a su amorío de juventud. No era el origen humilde de Raimunda lo que le horrorizaba, sino un pequeño detalle sin importancia que se les escapaba: la muchacha era fruto de una relación extramatrimonial que Mateo habría mantenido con Benita Ortega, una cigarrera del barrio de Lavapiés, y por tanto, los ahora recién casados eran hermanastros de padre. Al enterarse de su situación, los marqueses habrían escrito una carta a Pío IX que, consciente del escándalo que suponía su matrimonio, les habría concedido una bula papal a la que la rumorología ha denominado “Casti convivere”; es decir, que les daba permiso para vivir juntos, pero no revueltos. Pero, ¿qué hacer entonces con la niña? Bueno, hay cientos de versiones, cada cual más cruenta: la ahogaron; la emparedaron; la enterraron en la capilla o en la casa de muñecas que adorna el jardín, etc. Y así, toda esta tragedia griega es la que, al parecer, habría convertido al Palacio de Linares en uno de los edificios encantados de Madrid.

Hasta aquí la leyenda. Pero, ahora vamos a la verdad. ¿Era la marquesa de Linares hija de una cigarrera de origen humilde? ¿Existió verdaderamente una carta de confesión por parte del padre del marqués? ¿Eran los marqueses de Linares hermanastros? ¿Existió realmente la bula "Casti convivere"? ¿Tuvieron una hija a la que llamaron Raimundita? Y si fue así, ¿qué fue de ella?

Dicen por ahí que toda leyenda bebe directamente de la realidad. Y dicen bien. Entonces, ¿por qué a nadie se le había ocurrido acudir directamente a las fuentes primarias? ¿Por qué seguían mudos los legajos custodiados en los archivos madrileños? Afortunadamente, alguien se ha molestado en rescatarlos y darles voz. Por eso hoy, os dejo una recomendación que pone luces sobre todas estas sombras. Un imprescindible para todos aquellos interesados en la base histórica de tanta leyenda. Y ya os adelanta un servidor que la verdad es, aunque libre, mucho más escandalosa y turbia.

MACEIRAS REY, Carmen. El secreto de Raimunda, la marquesa de Linares. Madrid: Sílex, 2009.

 

Carlos Díaz Redondo

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En 1814, Fernando VII creaba el Archivo General de Palacio con el fin de recoger, clasificar y conservar todos los documentos producidos por las distintas oficinas que se encargaban del gobierno y de la administración de la Real Casa y del Patrimonio de la Corona. Hoy en día, el archivo sigue cumpliendo con estas mismas funciones, acumulando diferentes fondos que van desde el siglo XVI hasta el siglo XX y recibiendo la documentación generada por Patrimonio Nacional.

A pesar de tratarse de uno de esos archivos que parecen empeñarse en ser unos completos desconocidos, cuenta con unos fondos maravillosos, dignos de estudio. Más allá de aquellos relativos a determinados miembros de la Real Familia, el Archivo General de Palacio custodia también algunos archivos personales y familiares que han llegado hasta él por distinta casuística.

Por ejemplo, allí se conserva el de la familia de don Isidro de las Cagigas, secretario y administrador que fuera de los duques de Montpensier. También el archivo de Manuel Godoy y Tudó, hijo del todopoderoso Manuel Godoy y Álvarez de Faria y de su popular Pepita. Asimismo, allí se encuentra depositado el archivo del conocidísimo magnate del Madrid decimonónico, don Alejandro Soler y Durán, que al morir hizo heredera universal de su fortuna a la reina María Cristina de Austria, dejando todos sus bienes, entre ellos su archivo, para sus reales hijos. Y, por último, también se custodia en este archivo el fondo generado por la Casa de los marqueses de Novaliches, con abundante documentación relativa a su fundador, el general don Manuel de Pavía y Lacy.

Hoy, como recurso, comparto con vosotros una completa guía sobre la historia y los fondos del Archivo General de Palacio. Está disponible aquí: http://www.patrimonionacional.es/sites/default/files/fondos_documentales_agp.pdf

 

Carlos Díaz Redondo

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¿Os habéis dado cuenta de que continuamente no paramos de quejarnos de la poca visibilidad con que contamos en este gremio? Cada día escuchamos frases como: “¡qué poco nos toman en serio!”, “¡no se reconoce nuestro trabajo!”, o “¡más archiveros y menos pamplinas!”.

Está bien, lo reconozco. Esa última expresión me la acabo de sacar de la manga pero no cabe duda de que refleja de maravilla el pensamiento de muchos. Más allá de las bromas, no me malinterpreten. Yo estoy de acuerdo con todas estas afirmaciones, especialmente con la última. Y levante la mano quien no lo esté.

Pero hoy, entre reflexión y reflexión, llegué a la conclusión de que quizá uno de los motivos que causa esta rara invisibilidad en la que nos vemos envueltos, ensordecedora en todos los entornos -desde el académico al profesional-, sea que más allá de los cuatro muros de los centros de trabajo, son realmente pocos los compañeros que sacan a la calle su quehacer diario. Porque decidme, ¿cuántos profesionales de los archivos hay en este país? ¿Cuántos de ellos narran la realidad de su vida diaria más allá de los depósitos? ¿Cuántos de todos ellos aprovechan las ventajas de difusión que ofrecen por ejemplo las redes sociales para acercarse directamente a los usuarios y contarles qué hacen y por qué lo hacen?

En fin, que envuelto en esta reflexión, ya que hoy en ArchivPost tocaba recurso de conservación, me dediqué a brujulear en busca de las experiencias diarias de algún conservador y restaurador. Y así, fui a parar a la bitácora de una compañera que hoy quiero compartir con vosotros porque me ha parecido realmente interesante. Se trata del blog personal de Rita Udina. Para aquellos que estéis interesados en la conservación y restauración de obra gráfica, merece la pena visitarlo. Y lo podéis encontrar directamente en: http://ritaudina.com/es

 

Carlos Díaz Redondo

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Aquellos que nos leéis habitualmente, sabéis que un servidor está involucrado en el tratamiento de archivos personales y en la preservación, conservación y restauración de documentos. Y hoy, como recurso, voy a compartir con vosotros un texto que me ha parecido interesantísimo porque aúna ambas líneas de trabajo.

Se trata de una serie de recomendaciones dirigidas al ciudadano de a pie, alejadas de términos técnicos, útiles, sencillas. Estas pautas que os proponemos, centradas directamente en el tratamiento de materiales documentales afectados por la humedad, fueron diseñadas por el personal de los Archivos Nacionales como respuesta a las tremendas inundaciones que asolaron el oeste de EE.UU. en 1993. El agua, feroz enemigo del papel, destruyó los pequeños archivos familiares de miles de familias sin que poder hacer nada por evitarlo.

Es muy probable que alguna vez os hayáis encontrado en una tesitura similar, obviamente no a tal escala. Pero decidme, ¿a quién no se le ha derramado un vaso de agua, o de cualquier otra sustancia, sobre unos papeles importantes y ni corto ni perezoso ha ido corriendo a buscar el secador del pelo? Bueno, pues quizás es preferible que conozcáis a qué os estáis enfrentando antes de cometer una temeridad.

El recurso está accesible en la siguiente página web: http://www.archives.gov/preservation/conservation/flood-damage.html

 

Carlos Díaz Redondo

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Transcurridos más de siete años del óbito de Luisa Isabel Álvarez de Toledo y Maura (1936-2008), XXI duquesa de Medina Sidonia, su nombre y el de su Casa vuelven a saltar a la actualidad y a copar numerosos titulares de la prensa nacional.

Tras una vida de película, apasionada, rebelde, libre, atrás quedaron los escándalos sociales y políticos que salpicaron su juventud y que la condujeron a estar en prisión hasta ocho meses. Quizá ya se haya olvidado su separación y divorcio de su primer marido, el jinete José Leoncio González de Gregorio y Martí, con quien al parecer casó obligada por la presión familiar y las circunstancias sociales de la época. Probablemente hayan cicatrizado asimismo las ampollas que levantó su valiente matrimonio, celebrado en 2008 in articulo mortis, con quien hasta entonces había sido su secretaria y hoy duquesa viuda, Liliane Marie Dahlmann. Ahora, mientras resuenan las voces de aquellos que la acusaron, justa o injustamente, de haber sido una pésima madre, son su herencia y el valioso archivo integrado en la Fundación Casa Medina Sidonia los que van a hacer correr de nuevo ríos de tinta.

Según declaró en diferentes ocasiones, la llamada Duquesa Roja encontró el archivo familiar tras la muerte de su padre, Joaquín Álvarez de Toledo y Caro (1894-1955), XX duque de Medina Sidonia. Aquel tesoro documental, que encerraba la memoria de la familia desde el siglo XIII, yacía olvidado en un guardamuebles madrileño, en un estado de conservación pésimo, parcialmente mojado, desorganizado, mudo. Para protegerlo y evitar su desaparición, en 1990 decidió crear la Fundación Casa de Medina Sidonia, tomando como sede el Palacio de los Guzmanes, sito en la antigua capital de los estados regidos por su familia, Sanlúcar de Barrameda. Allí, con una tenacidad inquebrantable, tras luchar contra varios intentos encubiertos de expropiación, la que durante muchos años consideraron la oveja negra de la Nobleza española dedicó el resto de su vida a organizarlo, describirlo y abrirlo a la investigación.

Tras la muerte de Luisa Isabel en 2008, su viuda tomó la presidencia de la Fundación y ya empezaron a abrirse frentes familiares en torno a la herencia de la duquesa. Ahora, sus tres hijos (Leoncio, XXII duque de Medina Sidonia; Pilar, XV duquesa de Fernandina hasta que en 2012 su sobrino le arrebatase la dignidad; y Gabriel, el único de ellos no titulado), con quienes nunca tuvo una relación fluida, reclaman judicialmente y por separado la inoficiosidad de la Fundación. Según se informa, los tres vástagos alegan que los bienes aportados para su creación, entre ellos el archivo familiar, descapitalizaron por completo la Casa y perjudicaron su caudal hereditario al no poder disfrutar siquiera del tercio de la legítima que les corresponde por ley.

Cabe señalar que la familia Medina Sidonia ha sido durante siglos uno de los linajes nobles más importantes del reino. El de Medina Sidonia es el ducado hereditario más antiguo de la Corona de Castilla, datando concretamente de 1445. Entre las muchas dignidades que han ostentado a lo largo de los siglos hay que sumarle el ducado de Fernandina y el principado de Montalbán, los marquesados de Villafranca del Bierzo, de los Vélez, de Gibraltar, de Cazaza y de Valverde, el condado de Niebla y de Saltés, la baronía de Molins del Rey, el señorío de Sanlúcar o los títulos de la extinta casa italiana de los Montalto, que aglutinaba mercedes como el principado de Montalto y de Paternò, el marquesado de Calatafimi, los condados de Sclafani, Caltabellota, Caltaxineta, Caltabuturo, Collesano y Adernó, y las baronías de Biancavilla y Centorvi.

En fin, que mientras los hermanos Medina Sidonia pleitean contra la voluntad de su augusta madre y nace una plataforma ciudadana en defensa de la Fundación, podemos ir entonando un réquiem anticipado. Según parece, los hijos de Luisa Isabel, a quien por cierto bien le valdría el sobrenombre de la Duquesa Archivera, tienen todas las cartas para ganar esta batalla. Si esto ocurre, el archivo nobiliario privado más importante de España formado por más de seis millones de documentos, que algunos expertos han tasado recientemente en la irrisoria cifra de 60 millones de euros, podría verse fragmentado, disperso, vendido por lotes para satisfacer la legítima de los herederos de la duquesa.

Y ya no se cantarán más loas a la Casa entonando su motto (PRAEFERE PATRIAM LIBERIS PARENTEM DECET, o lo que es lo mismo, ANTES LA PATRIA QUE LA FAMILIA). Porque en estos tiempos que corren, cuando concurren las heredades y el caballero Don Dinero, parece que el concepto de Patria se hace etéreo. Y más aún el de Familia.

 

Carlos Díaz Redondo

 

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Tan importante es la memoria del ser humano como los soportes físicos en los que con el paso del tiempo todos vamos dejando plasmadas nuestras experiencias. Nuestros recuerdos, resultado de las miles de actividades que dan forma a nuestras vivencias, quedan a menudo dispersos en nuestras casas. Con suerte, si eres una persona organizada, quizá ya hayas clasificado y ordenado tu archivo personal asumiendo que su conservación es tan importante como la conservación de tu memoria física. Si no lo eres, probablemente te interese saber que llegará un momento en el que ese archivo empezará a sufrir irremediablemente los estragos del paso del tiempo. Y cuando eso suceda, habrás deseado con todas tus fuerzas haber puesto más interés en conservarlo correctamente.

Pero tranquilo, no te alarmes. No está todo perdido. Afortunadamente, ya hay personas que han pensado que esto es algo que podría pasarnos a todos. Por eso hoy, desde ArchivPost, te recomendamos el siguiente recurso.

Se trata de unas utilísimas directrices, plasmadas en una serie de guías monográficas dirigidas a personas como tú y como yo, que el Instituto Americano para la Conservación de Obras Históricas y Artísticas (American Institute for Conservation of Historic and Artistic Works, AIC) proporciona a través de su página web para la buena conservación de todo tipo de patrimonio cultural -desde libros y documentos, hasta soportes audiovisuales como cintas de vídeo o fotografías-. Si aún no conoces este estupendo recurso, aquí lo tienes. Es hora de que pongas en práctica tus habilidades de conservador.

AMERICAN INSTITUTE FOR CONSERVATION OF HISTORIC AND ARTISTIC WORKS. Caring for your treasures [en línea]. Disponible en: http://www.conservation-us.org/about-conservation/caring-for-your-treasures#.Va5S8qTtmko

 

Carlos Díaz Redondo

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